Nuestro estado físico y psíquico pueden verse resentidos en función del tipo de contaminación atmosférica al que estemos expuestos. Existen multitud de órganos y funciones del cuerpo que pueden verse afectados, entre los que destacan: Enfermedades respiratorias Daños cardiovasculares Fatiga, dolor de cabeza y ansiedad Irritación de ojos y mucosas Daños en el aparato reproductor Daños en hígado, bazo y sangre Daños en el sistema nervioso La población urbana está más expuesta a sufrir los efectos de la contaminación atmosférica, y dentro de este conjunto, son especialmente vulnerables aquellas personas que ya están enfermas, los niños y los ancianos.